Lo que el ritmo revela sobre cómo miramos la diferencia
En Tymbals llevamos años construyendo algo que va mucho más allá de la percusión. Somos una asociación y una escuela donde la música se convierte en lenguaje, en vínculo y en oportunidad.
Nuestro grupo de batucada no nace de la improvisación, sino del aprendizaje compartido, del tiempo sostenido y del compromiso de cada persona que forma parte de él.
Porque además de ser un espacio inclusivo, Tymbals es también un proyecto artístico que cuida la calidad, el ritmo y la precisión como cualquier otro grupo musical.
Cada ritmo que suena tiene detrás horas de ensayo. Cada entrada, cada silencio, cada mirada entre compañeras y compañeros forma parte de un proceso. Un proceso que en nuestro caso, está protagonizado por personas con discapacidad intelectual o del desarrollo que, a través de la música, construyen autonomía, identidad y pertenencia.
Cuando salimos a tocar en otros espacios, ocurre algo que nos invita a reflexionar. Muchas personas se acercan con entusiasmo y nos preguntan si pueden sumarse a tocar con Tymbals. Lo hacen, en la mayoría de los casos, desde la curiosidad, desde las ganas de compartir o desde una intención que entendemos como positiva.
Y es importante decirlo claramente: no creemos que haya mala intención en ese gesto.
Vivimos en una cultura que nos ha enseñado muchas cosas, pero no siempre a relacionarnos desde la igualdad real. Una cultura atravesada por el capacitismo —aunque no siempre seamos conscientes de ello— que nos lleva, muchas veces sin querer, a percibir ciertos espacios como más accesibles o menos exigentes cuando están habitados por personas con discapacidad.
Es algo aprendido. Cultural. Normalizado.
Pero también es algo que podemos revisarnos.
Porque cuando alguien da por hecho que puede integrarse en un grupo de percusión sin conocer sus ritmos, sin haber pasado por su proceso de aprendizaje, sin haber ensayado con sus integrantes, lo que aparece no es solo una intención de participar. Aparece también una mirada.
Una mirada que, sin quererlo, puede estar diciendo que ese espacio funciona de otra manera, que no requiere el mismo recorrido o que la experiencia previa no es necesaria.
Y ahí es donde la música nos invita a algo más profundo: a escuchar no solo los sonidos, sino también a las personas, las relaciones.
En Tymbals entendemos la inclusión como un camino compartido, no como una puerta abierta sin contexto. Creemos en los espacios que acogen, pero también en los procesos que los sostienen. En el valor de aprender, de equivocarse, de repetir, de construir en grupo.
Nuestro proyecto no se basa únicamente en tocar juntes, sino en cómo llegamos a hacerlo.
Por eso, cuando alguien se acerca con ganas de participar, lo que vemos es también una oportunidad. Una oportunidad para generar conversación, para abrir preguntas, para construir otra forma de entender el encuentro.
Participar también puede significar acercarse desde otro lugar: observar, preguntar, interesarse por el proceso o incluso formar parte de él desde el inicio, recorriendo el mismo camino que el resto.
¿Desde dónde nos acercamos a los espacios que no habitamos?
¿Qué ideas previas —quizá invisibles— activamos cuando nos encontramos con un grupo como Tymbals?
¿Qué creencias sostienen nuestro deseo de participar, incluso cuando lo vivimos como algo natural o espontáneo?
No se trata de señalar ni de corregir desde la distancia. Se trata de invitar a una mirada más consciente, más cuidadosa, más respetuosa con los procesos de las demás personas.
Porque en el fondo, lo que buscamos no es cerrar espacios, sino enriquecerlos.
Creemos que otra forma de encontrarnos es posible. Una forma donde el interés se transforme en escucha, donde la curiosidad se acompañe de respeto y donde la participación nazca del reconocimiento del camino recorrido por quienes ya están dentro.
En Tymbals seguimos tocando, ensayando y creciendo. Seguimos construyendo comunidad a través del ritmo. Y también seguimos aprendiendo —todas las personas— a relacionarnos de maneras más justas, más conscientes y más humanas.
Y en ese encuentro, también quienes escuchan tienen la oportunidad de transformar su mirada.
Porque al final, la música no solo suena. También enseña.
Y si afinamos bien la escucha, puede ayudarnos a transformar la forma en que miramos el mundo.
Lucía Castroverde Ramos
Una Tymbalera











